David de Juan y «El ladrón de vírgenes»

elladro.jpgComo si hubiera pasado demasiado tiempo, con una melancólica nostalgia recuerdo mi reciente paso por el colegio. No sé si a vosotros os pasa, pero a mi me ocurre con excesiva frecuencia. El paso por la Facultad, el trabajo, algún que otro cambio de domicilio… provoca que pierdas el contacto con quienes fueron tus compañeros y amigos durante los años de adolescencia.

Sin embargo, la vida está llena de gratas sorpresas, y un día descubres que aquel compañero de clase ha hecho realidad lo que muchos casi anhelamos: el arte de juntar palabras para contar historias y provocar en el lector. Lo importante de una película, de un buen libro, de una obra de arte, hasta de un programa de radio, es que provocar al receptor, y emocionarle.

Pues todo eso, y mucho más, logra David de Juan en su última novela «El ladrón de vírgenes». Después de «El baile de las largatijas» y «La mejor de las vidas», con este libro logra envolver al lector en una historia en la que los que vivimos en el medio rural nos vemos a veces reflejados.

Religión, superstición, amor,… también tienen cabida en el relato muy ágil donde la riqueza y retórica linguística de David carga de significando cada una de las palabras de «El ladrón de vígenes».

Como los buenos libros hasta el punto y final no dejas de descubrir una historia narrada Cirilo que te engancha en cada página. Así que habrá que esperar al próximo libro de David para seguir disfrutando con su narrativa poética.

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Anunciar la Buena Noticia

17158918_1405102252874584_1110288315238976715_oEl pasado, sábado 4 de marzo, José Ángel Ávila, rector del Seminario de Salamanca, me invitó a participar en una mesa redonda sobre las experiencias en la relación de fe y cultura. Agradecer a José Ángel, su invitación, ante dos verdaderos protagonistas de esa relación entre fe y cultural: el artista Luis de Horna, y el cineasta Pablo Moreno. Un auténtico placer compartir con ellos mesa, ante medio centenar de seminaristas de la región del Duero y Rioja, que se reunieron en un encuentro de convivencia y formación.
Comencé mi ponencia desde la cita «La verdad os hará libre» (Jn. 8, 32) que está colgada a las entradas a las emisoras de la Cadena COPE. Una reflexión que enlacé con la libertad que promete Cristo al inicio de su ministerio  al proclamar la Buena Noticia (Lucas 4, 14-22).

Y esa precisamente es mi humilde tarea: anunciar la Buena Noticia, desde los medios de comunicación en los que trabajo o colaboro. ¿Cómo? Pues informando de las actividades que se organizan en las parroquias de la zona, entrevistando a los grupos de pastoral juvenil de la parroquia que se van de convivencia… o buscando el aspecto humano que hay detrás de cada noticia, sea del ámbito que sea. Por ejemplo, juzgando las actuaciones de los protagonistas de los asuntos noticiables y no juzgádoles a ellos como personas.

Y, ¿por qué de esta tarea? Porque sinceramente es mi vocación, fruto de mi nacimiento en el seno de una familia cristiana; siendo monaguillo en mi parroquia; con una enseñanza cristiana en las comunidades de los Escolapios y Jesuitas; o como catequista de los grupos de pastoral en la parroquia de Peñaranda. Y todo fruto de una reflexión sobre qué quiere, Dios, de mí.

Como comunicador creo que los medios de comunicación son también una manifestación cultural. Y como el arte o el cine deben ser usados para transmitir la Buena noticia. Y para ello, la Iglesia puede tener sus propios medios, además de cuidar y mimar la relación con el resto.

Siendo consciente de que la mayoría de las noticias que ofrecen los mass media sobre la Iglesia resaltan aspectos negativos, ofreciendo visiones críticas sobre la religión y la dimensión espiritual, no por ello se debe dejar de apostar por los medios comunicación para anunciar la Buena Noticia. Al igual que la Iglesia durante siglos ha usado el arte para evangelizar y transmitir la Palabra de Dios, el cine o los medios de comunicación pueden y deben ser canales de información sobre la Buena Noticia.