La emoción como exponente de comunicación

No sé dónde leí o escuché unas palabras de Encarna Sánchez en las que explicaba que cada vez que se ponía delante del micrófono de COPE buscaba emocionar al oyente. Me gustó tanto aquella idea que la imprimí en una pegatina y la coloqué enfrente de la mesa de mezclas. Emocionar al oyente era, es y será una buena pauta para cada vez que me pongo delante del micrófono, y al final del día son unas cuantas horas.

Otra cosa es que día a día logre esa máxima, porque cuando escucho el resultado de los programas o informativos dudo de que llegue a emocionar al oyente. Y es que eso tal vez sea cosas de verdaderos maestros.

Probablemente la comunicación llega a su máximo exponente cuando emociona. Ya sea una película, un libro, o un obra musical… Su autor habrá logrado su objetivo si te  emocionas después de verla, leerla o escucharla. O es que a caso no te emocionas cuando ves por ejemplo «La lista de Schindler», lees a «Un olmo viejo» de Antonio Machado, o escuchas el «Air on th G String» de JS Bach.

Escuchado lo escuchado, la meta de emocionar al receptor lo tendremos que dejar para los grandes de cada profesional, que son capaces de juntar los recursos con los que cuentan para llegar a conmover a las personas a las que se dirige.  Algunos nos tendremos que conformar con intentarlo.

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